Al darse cuenta del peligro, condujeron tres horas más hasta un hotel de la ciudad, destruyendo el teléfono desechable que habían usado para hacer la reserva. Al día siguiente, él presentó una denuncia ante la policía, pero incluso eso les pareció insuficiente ante lo que habían vivido.
Esa noche, mientras el narrador yacía despierto junto a su esposa, un pensamiento escalofriante lo atormentaba: la seguridad es una ilusión. Las reseñas en línea y las acogedoras fotos de los anuncios ofrecen una falsa sensación de seguridad. Detrás de las paredes de una casa aparentemente normal podría esconderse algo mucho más siniestro. Y a veces, la luz intermitente no está ahí para advertirte, sino para vigilarte.