El hierro desempeña un papel importante en la oxigenación de la sangre, pero un exceso puede provocar estrés oxidativo. Esto conlleva un daño prematuro a las células de la piel, lo que acelera la formación de arrugas y contribuye a la pérdida de elasticidad. En otras palabras, intentar "fortificar" el cuerpo con hierro puede, paradójicamente, provocar un envejecimiento prematuro de la piel.
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Sobredosis: el enemigo invisible de la piel.
Estos dos ejemplos resaltan la importancia de la supervisión médica antes de comenzar la suplementación. Los expertos recomiendan comenzar con un análisis de sangre para comprobar los niveles de yodo y proceder con precaución. Si bien el yodo y el hierro son esenciales para el correcto funcionamiento del organismo, el exceso de yodo tiene un efecto rebote: lo que debería fortalecer termina debilitándolo. Esta es otra razón para priorizar una dieta variada y equilibrada, naturalmente rica en nutrientes protectores como la vitamina C, los ácidos grasos omega-3 y el zinc, conocidos por ayudar a mantener una piel radiante y joven.