Historia divertida: Un soldado se acercó a una monja.

El soldado, exhausto y sin aliento, se acercó a la amable monja. —Por favor —respondió—, ¿puedo esconderme bajo su falda? Le explicaré todo después. La monja, conmovida, accedió.

Un instante después, dos gendarmes irrumpieron con la voz cargada de urgencia. —Hermana —preguntaron—, ¿vio usted a un soldado huyendo por aquí?

La monja, con aire jovial, dijo: «Fue por allí». Mientras los gendarmes se alejaban apresuradamente, el soldado emergió con cautela de debajo de su falda. «Hermana», respondió agradecido, «no puedo conseguirle uno. Verá, estaba desesperado por que me enviaran al frente».