Un abrazo vacilante se percibe fácilmente. Unos brazos que apenas sujetan o se sienten flojos sugieren inseguridad. Lo importante es una presión firme y reconfortante, nunca apretada ni forzada. Cuando alguien se siente seguro, su cuerpo se relaja de forma natural, y esa relajación abre la puerta a la conexión emocional.
Secreto 3: El momento oportuno. La
duración de un abrazo influye en cómo se experimenta. Un abrazo rápido se siente cortés pero superficial. Tras varios segundos sin interrupciones, el cuerpo se relaja. Mantener un abrazo durante cinco a siete segundos crea una pausa tranquila donde las defensas se relajan y crece la comodidad. Muchas personas se separan demasiado pronto, sin darse cuenta de que ese instante adicional es lo que hace que el abrazo sea significativo.
Secreto 4: Cómo soltar.